el contenedor de rafa

16/10/2009

“Dime algo y lo olvidaré, enséñame algo y lo recordaré, pero hazme partícipe de algo y entonces aprenderé”. Proverbio chino.


GENTE CORRIENTE ASALTANDO LA RED O EL CAMBIO DE PARADIGMA.- Nos propone José Luis Orihuela que, como ejercicio del curso sobre Redes Sociales Profesionales, hagamos una reflexión sobre los nuevos paradigmas de la comunicación. Un ejercicio que me lleva a la entrevista en Redes de Eduard Punset con Roger Schank, especialista en Teoría del Aprendizaje y crítico con nuestros sistemas educativos.

El eje de la conversación es la manera tradicional de aprender y el modo que, durante más de 500 años y gracias al libro, hemos empleado para la distribución del conocimiento. Soluciones que, afirma Schank, nos han permitido llegar hasta aquí a pesar de que se trata de las más complicadas para compartir lo que sabemos.

La alternativa que Roger Schank propone es la recuperación del aprendizaje haciendo, que es, precisamente, lo que ahora mismo une a millones de personas de todo el mundo que, sin pedir permiso a nadie, están impulsando la mutación en social de la Red.

Y no sólo eso; es lo que además esta transformando el modo en que todos accedemos a quienes y aquello que consideramos que pueden aportarnos algo. O lo que es lo mismo, lo que está provocando el cambio de los paradigmas de la comunicación.

El internet de las personas representa un vuelco en las reglas de la producción y distribución de la información y de la extensión del conocimiento que, en el siglo XV, alumbraron la imprenta y, dicen, la mejor cerveza del mundo.

Un giro copernicano que, entiendo, va más allá de lo último que nos propone la tecnología que ayer eran los blogs, hoy las redes sociales y twitter y que el próximo cuarto de hora va a ser la nueva ola que nace, otra vez, en Mountain View.

El internet social es ya la ocupación, escandalosamente silenciosa, de la primera línea de la comunicación por la gente corriente. Usuarios que, generando contenidos, están desplazando a organizaciones y empresas; que compiten con marcas y profesionales.

Gente que, en su mayoría, es ajena a las consecuencias del fenómeno que alientan clic a clic validando, de paso, una de las tesis de Schank… y el proverbio chino.

Personas que, en su mayoría, para nada están interesadas en lo que se está derrumbando como consecuencia de lo que estamos haciendo con nuestro tiempo en un espacio nuevo en el que disfrutamos compartiendo con los demás contenidos relevantes que generan experiencias habitualmente satisfactorias.

Experiencias con las que, a veces, aprendemos porque tienen mucho que ver con lo que nos apasiona; tanto que alcanzan el punto de los más divertidos desafíos.

Y si bien, como suele recordar Orihuela, toda tecnología que adoptamos acaba por transformar nuestra cultura, lo que creo que convierte en potente el fenómeno es aquello que permanece desde que los relatos alrededor del fuego pasaron a las paredes de las cavernas: nuestra necesidad de fortalecer los vínculos que nos unen –redes- mientras disfrutamos de historias.

De buenas historias en las que nos podemos reconocer sin que, ahora sí, nadie medie entre tú y yo.

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